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"No es cada 4 años, es cada día". Pasaporte Olímpico, medio acreditado en JJOO de Londres 2012 y Sochi 2014.

Miércoles, 8 de Febrero de 2023

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ERNESTO PÉREZ LOBO, ÚNICA MEDALLA OLÍMPICA MASCULINA DEL JUDO ESPAÑOL (Entrevista)

Enviado por en 26 mayo, 2011 – 1:02Sin comentarios
www.jmgbiker.com

(Montse Coque)

A día de hoy, la medalla de plata que Ernesto Pérez consiguió en Atlanta 96, es la única medalla olímpica masculina que hay de momento en el Judo español. Aquel año, Ernesto se plantaba en la final de los Juegos Olímpicos de Atlanta, que ya es suficiente premio, y perdía con uno de los grandes entre lo grandes, el francés David Douillet. La hazaña ya estaba hecha. Ernesto subía al podium olímpico, tocaba la gloria y con la plata que se traía para España escribía, en mayúsculas, renglones en las páginas del deporte español. A sus 37 años y ya retirado del Judo de competición, pero no desvinculado de mundo deporte.
¿Quiénes formaban tu equipo de trabajo cuando competías?
Como preparador físico tenía a Carlos Fernández y José Manuel Castro. Los entrenadores eran Arturo Fernández, Justo Navarro y Rafael Ortega y finalmente, Pablo del Río era nuestro psicólogo. Muchos de estos nombres siguen trabajando para el judo.
¿Cuánto tiempo entrenabas cuando estabas en la alta competición?
Es una pregunta subjetiva, porque sudando la camiseta y con el judogui puesto podría estar como cuatro o cinco horas diarias, ya fuera haciendo preparación física, técnica o practicando el randori. Pero realmente , como deportista de alto nivel, estaba las 24 horas del día, porque al final comes según el entrenamiento que tienes que hacer, duermes las horas necesarias para poder hacer bien los entrenamientos y estar bien., el fin de semana vas al cine en lugar de a la discoteca, etc. Vives por y para ello y todo se hace en función de. El deporte de élite es una profesión de 24 horas al día.
¿Cuál era tu técnica especial?
Uchi-mata. Empecé de niño con lo que me enseñaban y me quedé con harai goshi. Mi profesor me animó a cambiar debido a la forma de colocar el cuerpo que tenía, que no era la más correcta, y junto con los hermanos Campillo, compañeros del gimnasio, nos dedicamos a alternar harai-goshi con uchi-mata…pero con el tiempo me decanté por esta última de forma instintiva.
¿Qué importancia te merece el judo suelo?
Generalmente se le da mas importancia al judo pie pero, en mi caso, cuando comencé a competir internacionalmente, noté que era uno de mis puntos débiles, así que empecé a practicar defensivamente para que, por lo menos, no pudieran pillarme. Intenté aprender a cerrar huecos que eran luego una excelente oportunidad para mi rival y sólo, cuando dominé eso, comencé a intentar llevar la iniciativa yo para conseguir marcar al contrario. Es una parte del judo que está muy condicionada por el arbitraje, porque permiten muy poco tiempo para trabajar, por lo que se le resta importancia. Los competidores saben que se va a dar mate enseguida y entrenan conforme a esto. El judo suelo requiere por parte del árbitro un poco de paciencia porque las acciones no son rápidas como en judo pie.
¿Recuerdas algún combate memorable?
Recuerdo especialmente uno, cuando estaba a punto de retirarme. Me estaba rondando lo de la retirada por la cabeza; es una especie de transición. Fuimos a una competición y me cazaron de ippon en el último minuto; tuve un error en el planteamiento del agarre. Me fastidió bastante pero, como estaba en la transición de la retirada, lo cierto es que ya no tenía la misma motivación y no estaba tan molesto como otras veces. La semana siguiente nos fuimos a Polonia y allí coincidí, precisamente, con este competidor que me había derribado. Allí me desquité con todo el repertorio de técnicas que tenía entonces, el marcador era un festival con puntuaciones de lo más variado. Luego me fui al vestuario y coincidí con otro competidor, un competidor muy jovencito y motivado que estaba haciendo puechero o casi llorando porque había perdido. Le estaba mirando y, de repente, me di cuenta que a mi se me había olvidado subir al podio y recoger mi medalla. Contrastaba tanto su situación con la mía que, a pesar de quedar campeón, no me importaba mucho; al contrario que el chaval que no sacó medalla y estaba rabioso y dolido con ello. Ahí me di cuenta de que había perdido la ilusión, que la garra de competidor se estaba yendo y quizás sería buen momento para dejarlo.

También con especial cariño recuerdo, de jovencillo, los JJOO de Barcelona cuando, con 22 años, estaba disputando medalla, o el mundial de Hamilton, donde estuve como 10 ó 12 horas competiendo. Competí con  un georgiano que me marcó yuko y al contraatacar con ko-soto-gake, cuando lo tenía en el aire, se me escapó la manga y se me giró. Sino pasa esto hubiese sido un ippon muy limpio. Fue muy bonita, recuerdo competiciones más que combates por separado. Cuando quedas campeón es porque has hecho un gran torneo y eso es lo que más marca.
¿Algún judoka de referencia?
Un judoka español que me encanta es León Villar, de 86 kilos. Cuando eres joven es cuando tienes un icono y una referencia, porque es lo que estás viendo, pero con el tiempo esto se pasa. El mío era León, mi gran referencia, era quien marcaba la diferencia y era muy bueno. También me gustaba mucho el polaco Nastula que era una maravilla de 100 kilos.
¿Alguna anécdota?
La verdad es que no, nunca he sido muy fiestero. Me tomaba la competición muy seriamente y no era de los que la montaban, llegando tarde o rompiendo la disciplina. Yo iba a los torneos a competir, que eso ya me gustaba mucho. Para salir de fiesta tenía España. Con esto he sido muy metódico y cuadriculado, los torneos son para competir y dar lo mejor de ti. Trabajaba mucho para llegar en forma y no lo iba a estropear en una noche.
¿Cómo ves la actual selección nacional?
En mi opinión, lo mejor es hacer las salidas internacionales para coger nivel y experiencia. Es una labor importante que hace que a medio plazo el judoka pueda cosechar medallas importantes.

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